El sitio web oficial de la Fifa celebra hoy con un extenso artículo el resurgir del Calcio Napoli y el regreso del club a altisimos niveles, entre los 'grandes' del fútbol italiano. A continuación el artículo en español del SSC NAPOLI en FIFA.com

El Nápoles atravesó serios apuros hasta el pasado mes de octubre, pero apenas tres meses después coquetea con la clasificación directa para la Liga de Campeones de la UEFA. Tras sumar 13 partidos sin conocer la derrota (siete victorias y seis empates), el equipo es cuarto de la Serie A, desplegando al fin todo el potencial de un plantel rebosante de talento. Al frente de este resurgimiento se halla un atípico entrenador de 48 años, Walter Mazzarri.
El Presidente, Aurelio De Laurentiis, apuesta desde su llegada a un mítico club al que salvó de la bancarrota por un ascenso progresivo, en lugar de aplicar una política de grandes fichajes.
Es una gestión juiciosa, que le ha permitido obtener, por un coste mínimo, a jugadores como el eslovaco Marek Hamsik o los argentinos Ezequiel Lavezzi y Germán Denis. Estos tres futbolistas, codiciados actualmente por varios grandes de Europa, supusieron una inversión de menos de veinte millones de euros en total. Y, dos decenios más tarde, son los herederos directos del famoso trío “Ma-Gi-Ca” (Maradona, Giordano, Careca).
Pero, paradójicamente, aunque el equipo estaba a la altura de las ambiciones del Presidente, administrarlo parecía difícil. Después de los cimientos que puso Edy Reja, Roberto Donadoni tampoco consiguió amalgamar a un grupo prometedor.
Y cuando se incorporó Walter Mazzarri, el pasado 18 de octubre, el Nápoles tan sólo había logrado siete puntos en otros tantos encuentros, y ocupaba la 15ª posición. “Era el momento de pasar a un segundo ciclo”, afirma De Laurentiis para explicar la contratación de este entrenador bohemio, quien siempre prefiere irse antes de que lo echen.
Golpe de timón
En su época de jugador, Mazzarri, un centrocampista honesto anunciado como el nuevo Giancarlo Antognoni cuando debutó, vistió los colores de hasta doce clubes. Y como técnico batirá sin duda esa marca, tras haber dirigido ya a nueve formaciones desde su estreno, en 1996. Pese a todo, nunca ha sido destituido. Mazzarri, simplemente ávido de nuevas experiencias, hace las maletas con regularidad.
En cuanto llega, implanta sus opciones tácticas: una defensa de tres hombres y una presión intensa, efectuada por un mediocampo reforzado. “Queremos neutralizar las iniciativas del rival como lo hace el Barcelona”, explica a sus jugadores, a quienes exige “tener siempre miedo de los adversarios y mostrar humildad”.
El mensaje ha sido asimilado, y el Nápoles encadena la serie de resultados positivos más larga de su historia en el campeonato nacional.
Dispone de un cuadro sólido, perfectamente guiado por el guardameta internacional Morgan De Sanctis, el delantero Fabio Quagliarella —quien lucha por un puesto en la próxima Copa Mundial de la FIFA— y el capitán Paolo Cannavaro, hermano de Fabio. Pero el Nápoles son también sus jóvenes promesas, como el volante Luca Cigarini o el recién llegado Andrea Dossena, de quien prescindió el Liverpool y que también sueña con Sudáfrica.
Mazzarri opina que los actuales resultados son únicamente una etapa. “Este equipo todavía no sabe cuál es su verdadero potencial. Seguimos cometiendo algunos pecados de juventud. Es normal, si tenemos en cuenta la media de edad de la plantilla. Estamos obligados a hacer autocrítica sin buscar excusas fáciles. Podemos crecer rápido y aspirar a metas más importantes”, considera.
Fuente: FIFA
El Presidente, Aurelio De Laurentiis, apuesta desde su llegada a un mítico club al que salvó de la bancarrota por un ascenso progresivo, en lugar de aplicar una política de grandes fichajes.
Es una gestión juiciosa, que le ha permitido obtener, por un coste mínimo, a jugadores como el eslovaco Marek Hamsik o los argentinos Ezequiel Lavezzi y Germán Denis. Estos tres futbolistas, codiciados actualmente por varios grandes de Europa, supusieron una inversión de menos de veinte millones de euros en total. Y, dos decenios más tarde, son los herederos directos del famoso trío “Ma-Gi-Ca” (Maradona, Giordano, Careca).
Pero, paradójicamente, aunque el equipo estaba a la altura de las ambiciones del Presidente, administrarlo parecía difícil. Después de los cimientos que puso Edy Reja, Roberto Donadoni tampoco consiguió amalgamar a un grupo prometedor.
Y cuando se incorporó Walter Mazzarri, el pasado 18 de octubre, el Nápoles tan sólo había logrado siete puntos en otros tantos encuentros, y ocupaba la 15ª posición. “Era el momento de pasar a un segundo ciclo”, afirma De Laurentiis para explicar la contratación de este entrenador bohemio, quien siempre prefiere irse antes de que lo echen.
Golpe de timón
En su época de jugador, Mazzarri, un centrocampista honesto anunciado como el nuevo Giancarlo Antognoni cuando debutó, vistió los colores de hasta doce clubes. Y como técnico batirá sin duda esa marca, tras haber dirigido ya a nueve formaciones desde su estreno, en 1996. Pese a todo, nunca ha sido destituido. Mazzarri, simplemente ávido de nuevas experiencias, hace las maletas con regularidad.
En cuanto llega, implanta sus opciones tácticas: una defensa de tres hombres y una presión intensa, efectuada por un mediocampo reforzado. “Queremos neutralizar las iniciativas del rival como lo hace el Barcelona”, explica a sus jugadores, a quienes exige “tener siempre miedo de los adversarios y mostrar humildad”.
El mensaje ha sido asimilado, y el Nápoles encadena la serie de resultados positivos más larga de su historia en el campeonato nacional.
Dispone de un cuadro sólido, perfectamente guiado por el guardameta internacional Morgan De Sanctis, el delantero Fabio Quagliarella —quien lucha por un puesto en la próxima Copa Mundial de la FIFA— y el capitán Paolo Cannavaro, hermano de Fabio. Pero el Nápoles son también sus jóvenes promesas, como el volante Luca Cigarini o el recién llegado Andrea Dossena, de quien prescindió el Liverpool y que también sueña con Sudáfrica.
Mazzarri opina que los actuales resultados son únicamente una etapa. “Este equipo todavía no sabe cuál es su verdadero potencial. Seguimos cometiendo algunos pecados de juventud. Es normal, si tenemos en cuenta la media de edad de la plantilla. Estamos obligados a hacer autocrítica sin buscar excusas fáciles. Podemos crecer rápido y aspirar a metas más importantes”, considera.
Fuente: FIFA













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